Niña con sueños de luna
Sara cree que la luna es la madre de todas las mujeres. La ve tan grande y brillante, fascinada desde pequeña con ella. La finura y explosividad que expresaba ese circulo en el cielo era tan majestuoso que le hacía pensar en ella como un insecto de luz atraída por todo ese esplendor.
Le gustaba apoyar la mejilla en el vidrio de la ventana, sentir el frió y en la oscuridad admirar su piel iluminada, así la presenciaba y admitía con un poco de vergüenza lo hermosa que se vería en ese espectacular momento tan natural y enigmático.
Cuando miraba la luna se convertía en una mujer sin rencores, corría las cortinas para dormir acompañada de ella; tan fuerte y preciosa. No debía esforzarse para lograr un sueño donde era plateada y libre.
La soledad que la albergaba aveces con dolor posicionandola en un rincón oscuro y húmedo se convertía en una sala de techos altos, arañas de cristal y alfombras doradas. Entonces los miedos más crueles eran topacios en sus orejas y bailarines de ballet, bailando con ella una danza intima de luces blancas, cielos negros despejados y una luna embriagada en una fantasía magnifica.

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