El final de la raza humana en un día de sol
Hablemos del engaño de los días brillantes y frescos, de esos que te invitan a recibir la mañana con una sonrisa, no con la común mueca sin gracia. Esos días que te hacen tomarte el mate con deleite, promocionando una jornada bondadosa para el estado mental. Denunciemos esos cielos de un celeste casi chillón, de ese celeste de papel glase, esos que nos hacen acordar a las temperas y esas nubes que parecen los algodoncitos como los que pegabamos en el jardín de infantes, memorias de una mañanita amena con muches niñes felices. Gritemosle al vientito desenfadado que agita nuestro pelo descubriendo nuestra parte más frágil, ese que nos deja en total vulnerabilidad pero la caricia del viento es tan tiernita que la perdonamos yendo incautos a un día de trabajo. Golpeemos a los choferes de colectivos con buena onda, esos que con tono bonachón te transmiten camadería y hace que lo saludemos como a une amigue, al más copade. ¡Maldito aquel colectivero que te cabecea con una mueca feliz!¡E...